ACTUALIDAD: El Papa acorralado

Benedicto XVI ha sido blanco de numerosos dardos tras su reciente gira a su natal Alemania. La cita de un emperador bizantino del siglo XIV que fustigaba al Islam, motejándolo como un culto en el que "sólo encontrarás cosas malas e inhumanas, como haber ordenado difundir con la espada la fe que predica". Según el Cardenal Joseph Ratzinger, la cita en cuestión no representa su pensamiento y, actuando en consecuencia, se ha disculpado ante quienquiera se sienta ofendido por los desafortunados dichos, insistiendo que por ningún motivo ha deseado expresarse contrario al Islam, sino que ha sido arteramente tergiversado. Demasiado tarde. En cuanto emitió la polémica cita, las fracciones extremistas musulmanas han asumido las palabras papales como una afrenta la cual debe combatirse en nombre de la recurrentemente enunciada Guerra Santa.

Aun cuando el Sumo Pontífice asume su error, el fundamentalismo islámico lo sigue repudiando. El lobby católico intenta buscar la diplomacia entre los cantos acalorados del exhorto a la Yihad. La agencia informativa de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) se ha expresado sorprendida por la indiferencia de los líderes políticos e intelectuales de las naciones de estirpe cristiana: "Occidente no ha tenido el coraje, a parte de algún caso aislado, de defender la libertad de expresión que no niega a ninguno". De dicha cita, puede desprenderse una segunda lectura y parafrasear el llamado de la CEI como una invitación a los progres del mundo a prestarle ropa a Ratzinger en cuanto más creíbles en la defensa de la libertad de expresión.

Un precedente de similar magnitud en lo concerniente a la defensa de la libertad de expresión ocurrió un año atrás en el recordado Incidente de la Caricatura en Dinamarca, el cual los liberales occidentales apelaron el derecho de un dibujante de mofarse del culto a Mahoma del mismo modo que lo hemos hecho anteriormente con los judíos, los budistas, los mormones, los evangélicos y los Opus Dei, por mencionar algunos.

Al establecer un paralelo entre las palabras de Ratzinger y la controvertida caricatura danesa, Benedicto XVI tendría mejores motivos para recibir la defensa colectiva de los apelados por las palabras de la CEI, por cuanto la caricatura fue un acto deliberado de un artista y las palabras del Papa correspondieron a un gazapo discursivo razonable en una persona de casi 80 años. Sin embargo, a muchos progres que hace un año defendieron la libertad de expresión, quizá hoy no respalden con el mismo entusiasmo al Sumo Pontífice.

En la misma conferencia donde emitió su tergiversada cita, Joseph Ratzinger criticó abiertamente la legitimidad de la Teoría de la Evolución, a la cual ha confundido con el ateísmo y la voluntad de negar a Dios: "¿Qué vino primero? ¿La razón creadora, el Espíritu que hace todas las cosas y las hace crecer, o la sinrazón que, al no tener significado, de alguna manera produce un cosmos matemáticamente ordenado?"

A diferencia de la cita del emperador bizantino, estas versiones papales han sido deliberadamente manifestadas. La negación del significativo aporte de la ciencia al explicar nuestro origen en el espacio natural sabe a anacrónicos oscurantismos, como si la existencia de Dios proviniera del dogma de la no búsqueda y la no investigación por sobre la búsqueda intrínseca del hombre de nobles refugios espirituales.

Las palabras de Benedicto XVI tienen todo el potencial de herir las sensibilidades de quienes han valorado a través de los tiempos la importancia de la ciencia. Para aquellas personas, la defensa del creacionismo a través del ataque directo de la Teoría de la Evolución les parece tan ofensivo como a un judío oir de boca de un musulmán radical la negación de su Holocausto. Por cierto, entre los potenciales ofendidos se encuentran muchos de quienes pueden apoyar la libertad de expresión para defender al Papa ante los islámicos que han llamado a la Guerra Santa.

Anteayer, la Comisión Europea, a través de su portavoz, Johannes Laitenberger, ha defendido el derecho de Ratzinger de defender sus ideas. No obstante aquello, el vocero de la Comisión ha apuntado solamente a las palabras supuestamente antiislámicas del Papa, alejando de su esfera cualquier otra discusión teológica. Una defensa pragmática y desabrida, sin el entusiasmo visto en el Incidente de la Caricatura. Todo por haber desacreditado las ideas de las mismas personas que pudieron haberlo apoyado frente al fundamentalismo árabe.

El Papa se ha quedado acorralado.