Viña en crisis de identidad

Faltan pocas horas para el inicio del Festival de Viña del Mar. Ya los medios de comunicación se han encargado de hacérnoslo saber mediante coberturas especiales y programas satélites. No obstante aquello, para el espectador promedio el evento dista de la espectacularidad de sus años mozos. En el caso de los más jóvenes, vemos cómo los mayores recuerdan la convocatoria transversal generada por el "Puma" Rodríguez, Julio Iglesias o Camilo Sesto. Muchos de esos mayores hablan de cómo el Festival ha perdido gracia conforme pasan los años. Sin embargo, este problema no guarda relación con la mala calidad de los artistas de hoy (es más, las presentaciones de los actuales pueden superar en calidad las de los veteranos), sino con un fenómeno cultural de análisis relativamente reciente, la hipersegmentación.

En palabras simples, la hipersegmentación significa que donde antes había un solo gran nicho de mercado, hoy hay decenas de ellos, más pequeños y muchas veces excluyentes entre sí. Prueba de ello son los adolescentes de hoy, quienes no están ceñidos a patrones estándar de gustos y están reducidos a ghettos, divididos entre flaites, pokemones, chicos del Club Miel, indies, revisionistas, punk, hip hop, metaleros, kitsch, etcétera. Ninguno de estos segmentos tiene un mínimo común denominador que pueda trascender sus estratos.

Tanta división ha causado que la industria musical ya no está abocada a conseguir al gran artista pop del mundo, un nuevo Michael Jackson, sino potenciar pequeños segmentos a los cuales satisfacer de manera más eficiente. Agregando el hecho de que la competencia se vuelve cada vez más feroz, muchos consideran un gran logro superar la barrera del millón de discos vendidos, lejos de los 100 millones de "Thriller".

La actual hipersegmentación debe complicar a la comisión organizadora del Festival, siempre empecinada en conseguir una parrilla transversal que logre reunir a (casi) todo el país tras la pantalla de televisión. Me imagino a estos personajes —especialmente al farandulero concejal Andrés Celis— totalmente desorientados; no les debe ser fácil utilizar el mismo esquema de siempre: buscar la apuesta segura para el lolo y la lola, el rockero reconvertido para los nostálgicos thirtysomething y el clásico de siempre para los más mayores.

Existen tantos nichos de mercado, especialmente entre los grupos etarios jóvenes, que el Festival ya no puede cumplir con su transversalidad característica. Se vuelve imposible consentir a la gran mayoría del público, si entre todos no se pueden poner de acuerdo. Menos aún si esta fragmentación continúa su ritmo. Esto aumenta los "chancho en misa": tal como el año pasado se mezcló a Ruperto y David de María con Franz Ferdinand, este año tendremos mezclas imposibles como Kudai con Ana Torroja o Mario Guerrero con Tom Jones.

Debido a que los segmentos se vuelven cada vez más excluyentes, la tolerancia para los "chancho en misa" será cada vez menor. Como la organización de Viña siga procurando la transversalidad, se correrá el riesgo de acoger a fanáticos vueltos barrabravas atacando a los demás números con los cuales deberá convivir ese día. En la actualidad, los festivales musicales son más cumbres tribales donde se reúnen los exponentes de cierta tendencia.

Viña del Mar sucumbirá en estos tiempos que corren. En algún momento no dará abasto para acoger mayor transversalidad y deberá reconvertirse más temprano que tarde en un evento de nicho, como todos los del mundo. Deberá abandonar su pretensión de darle en el gusto a todo el mundo. El mercado superó al Festival.