Elogio del alarmismo

Mis agradecimientos al servicio a la comunidad prestado por nuestro periodismo televisivo. Muchas gracias.

  • Por prevenirme del genio difícil de los skaters y los chicos que batean en el béisbol.
  • Por advertirme que las relaciones personales en Internet siempre son espurias y concluyen en decepciones.
  • Por informarme que si hay un temblor (aunque el epicentro sea en la cordillera), debo prepararme por si viene un tsunami (aunque viva en la cordillera).
  • Por aconsejarle a todo el mundo pagar en efectivo en las cajas de supermercado, porque las/os cajeras/os clonan las tarjetas de crédito.
  • Por incentivarme a practicar mi DIY, ya que nunca voy a encontrar un técnico ni un gásfiter honesto.
  • Por hacerme elegir por la comida casera: en los restoranes, fuentes de soda y locales de comida rápida, se lavan los vasos y los platos con el agua de la fregada del piso, además que todas las frituras se preparan con Rímula de veinte días.
  • Por anticiparme de no llevar a un hijo (cuando lo tenga) a un jardín infantil, porque de allí no pasa un día sin que los golpeen las tías. Tampoco podría permitirme contratarle una nana si no tengo instalado un arsenal de cámaras de vigilancia.
  • Por hacerme desconfiar del agua de la llave, de los soldaditos de plomo, de los árboles de Navidad combustibles (como si los árboles naturales no lo fueran), de los juguetes que sacan ojos, de los sacapuntas, de los jugos en polvo, del viento que anuncia la lluvia y de mí mismo.
Gracias Cata por completar la lista.